domingo, 26 de junio de 2011

Tiempo de Verano


  ¡ALEGRÍA! ¡ALBOROZO!  Los días alargan su contenido luminoso para invitarnos al optimismo de su acrecentada vida con la valiosa ayuda de ese sol brillante, fogoso como la pasión, que lleno de ilusión, desea quedarse con nosotros más tiempo, retardando la llegada de la noche, cuya tristeza oscura trata de suavizar, iluminándola con su palidez la luna; distrayendo su soledad leyendo ese gran libro que alguien, preocupado por ella, ha instalado en su jardín, cuyas grandes hojas mirando al cielo, intentan despertar su interés, instándole, en muda invitación, a que ésta pose sus tristes ojos en ellas, recorriendo las bellas frases que contienen. 

  Ha llegado el verano; preparativos, ilusiones… Otras vacaciones que pretendemos sean las más intensas vividas. Miles de proyectos que se realizarán, otros que tendrán menos éxito, reanudadas intenciones de descubrir algo más ese mundo maravilloso que encierra el mar, “la mar” que diría un avezado marino como el eterno enamorado.

  Vertiginosamente se deslizan los días estivales, ¡viviendo! ¡viviendo! Tierra, sol, aire, mar… maravillas de esta naturaleza impresionante de Dios. Mas como todo lo terreno, este tiempo llega a su fin, los días empiezan a perder su alegre colorido volviéndose más serenos, devolviendo poco a poco las horas robadas a la noche, con algo de timidez que ésta acepta sin reproche, captando la profunda melancolía que impregna al día este acto de sumisión patética en el que se da trozo a trozo, en cuerpo y alma , con la esperanza de volver a recuperar, aun que sólo sea por otro corto espacio, la posesión de ese preciado tiempo perdido que se ve ahora obligado a restituir.

  Dejando con tristeza también nosotros ese gozoso tiempo de verano, volvemos a las actividades cotidianas en nuestras respectivas ciudades, pausadamente, al principio, causada por la indolencia adquirida en vacación perezosa de descanso, logrando más tarde recobrar toda la energía acumulada en ese solaz reposo, robustecida al máximo cuando volvemos a iniciar un nuevo tiempo de otoño, con la mente repleta de grandes iniciativas para desarrollar con entusiasmo, haciendo que no nos detengamos en nuestro continuo caminar por la vida.                 

domingo, 5 de junio de 2011

Comentario poético a "La lluvia amarilla" de Julio Llamazares

  Tenebroso y torvo mundo
nos describe Llamazares
con su personaje insólito
que sólo piensa en la muerte
sin otro afán que estar solo.
  La tristeza invade al pueblo
cuando todos lo abandonan,
Ainielle se queda solo,
con el único habitante
que en sus delirios se obliga,
en su desmedido amor
a ese pueblo en que nació,
cuidarlo hasta la muerte.
  Soportando los embates
que el mal tiempo a él le tiende,
con gallardía los arrostra,
sin jamás él doblegarse
ante destino tan sórdido
pues tan fuerte él se siente…
  La soledad, gran veneno,
que la mente atemoriza
y la sume en grave riesgo
de llegar a la locura,
hacen del singular personaje
que la vida, que es tan bella,
la contemple amargamente
con sentimientos salvajes.
  Sólo su perra traspasa
su corazón, algo tierno,
consiguiendo mitigar
la tristeza de su vida
al sentir por este ser
un suave y tierno afecto.
  La riqueza del paisaje
que Llamazares describe,
plena de rica poesía,
nos transmite la belleza
de ese pueblo, Anielle,
donde relata la historia
de esta amarga y triste vida.