sábado, 29 de enero de 2011

Sobre "la hora azul"

    Al atardecer de cada día, en el instante en que esa barrera invisible separa la tarde de la noche, cuando la luz del día, apacible, suavemente, se funde con la oscuridad de la noche recién nacida, si te aíslas y miras al exterior con esa cierta melancolía que nos impregna la languidez de la casi mágica hora del crepúsculo, existen unos segundos, apenas perceptibles, en los que puedes lograr vivir “La hora azul”. Se le denomina así a este momento porque todo a tu alrededor se ve envuelto en una tonalidad celeste.

  Hace ya algunos años, alguien me dijo que se producía esa circunstancia poética diariamente, cuando el sol nos decía adiós definitivamente hasta su próxima salida, y en alguna ocasión lo he recordado, incluso proponiéndome estar atenta para poder descubrir ese fantástico momento, mas confieso que no lo he conseguido, quizás por carecer de paciencia y tranquilidad para detenerme a esperar con gran atención tan solemne vivencia.

  Pienso que es poética la idea y no he perdido la curiosidad por vivir ese momento, puede que por mi inconstancia en perseguir ese fugaz y breve instante, no haya conseguido su descubrimiento  pleno, no obstante creo que debe de ser éste tan sumamente grandioso, como el alcanzar la cima de la más alta montaña del mundo y contemplar desde allí el inmenso horizonte, con todo lo que debe tener de irreal e
inalcanzable el paisaje desde altura tan considerable.

  ¿Leyenda o realidad?, me pregunto ante este probable hecho, que no me atrevo afirmar de cierto; y arriesgándome a pasar como propagadora, ante algunos, de un <romanticismo trasnochado>, algo en desuso en este siglo XX I,- aunque el sentimiento poético, más o menos desarrollado, necesariamente todos lo llevemos en lo más profundo de nuestro ser- me ha parecido tema éste interesante para hablar de él y descubrir su <posible> existencia a quien no haya oído hablar del mismo, consiguiendo –todo pudiera ser- despertar la curiosidad por probar a experimentar esa sensitiva y quimérica experiencia.


 LA HORA AZUL

  Es la hora azul un sueño
en el suave atardecer
cuando el día se despide
dando a la noche su vez.
  Es un mágico momento
fugaz, cual loca quimera,
que intentando conseguirla
se escapa suave, ligera.
  En ese instante sublime,
en esa hora tan bella,
estando todo en silencio,
nuestra fantasía vuela.
  Se extasía la mirada
viendo llegar mil estrellas
que van acudiendo libres
formando uniforme estela.
  Más tarde llega la noche
oscureciendo a la tierra,
entristeciendo el ambiente,
envolviéndonos en ella.
  Y en el silencio nocturno
nuestra mente, ya serena,
se introduce en dulces sueños
que la soledad revela.


martes, 25 de enero de 2011

Esa temida vejez

   ¿Quién no ha pensado a lo largo de su vida en la tan temida vejez? Y digo temida  porque generalmente todos, aunque la sintamos lejos, la tememos vagamente si nos detenemos y fijando la vista en el horizonte de la vida, la vemos como un punto pequeño, apenas visible; pero el tiempo inexorable pasa y ese pequeño punto lejano va acercándose lentamente, día a día. A veces nos parece este acercamiento terriblemente rápido, con velocidad vertiginosa, cual carrera de bólidos desenfrenada, y la encontramos sin apenas darnos cuenta, casi rozándonos. Es entonces, si no estamos preparados para afrontarla con filosofía, sin miedos, cuando puede crearnos un problema grave, de gran transcendencia para nosotros y los que nos rodean, al observar que el impacto producido por su llegada puede degenerar en abatimiento, tristeza… Por lo tanto, debemos prepararnos para esta llegada, y recibirla pensando que la vida que Dios nos ha dado ha sido un preciado don al que tenemos que cuidar con gran esmero; viviéndola hasta su fin con ilusión, con inquietudes constantes de toda índole en nuestra mente, despreciando la fatiga del desencanto, del aburrimiento – mil veces peor que la producida por el intenso trabajo – y proseguir siempre adelante, sin dar paso al lamento o a la tristeza, pensando lo rápida que ha pasado la juventud.

  Cuando se llegue a la “tercera edad”, sólo hay que pedir energías y hacer acopio de ellas para no sentirnos nunca viejos, terminados, frustrados en vida. Tratando de descubrir nuevas facetas desconocidas, que sin saber que existen, están ahí, para que al llegar a la cima de la vida, miremos a nuestro alrededor y las descubramos en esa perspectiva nueva que nos da el observar desde arriba, encontrando sin ninguna duda – si aportamos una gran ilusión en ello – nuevas sensaciones que merecerán la pena vivir, desechando la tristeza de pensar que no hay más cimas por escalar.


  Este feliz paseo que a continuación describo poéticamente, nos habla de un abuelo sumamente feliz, al sentir el cariño de su pequeña nieta colmándole de halagos, vivencia sacada de la vida real, siendo conmovida testigo de la misma.  


UN FELIZ PASEO

  Al querido  abuelo
decía la niña,
hoy es día de fiesta
abuelito vamos
a dar un paseo
por el Malecón,
su mano menuda
cogida a la diestra
de su anciano abuelo,
transmitiendo fuerza,
dándole la vida
con su dulce acento
le hacía feliz.
  Su corazón vivo
recibía el cariño
que el ser tan querido
sentía por él,
caminando juntos,
saltando la niña,
dando mil piruetas
le hacía reír.
  No temas abuelo
aquí no hay peligro
sin piedras, el suelo
no hará que tropieces,
tú anda tranquilo
que yo te acompaño,
que yo te vigilo,
que quiero que siempre
te sientas feliz.
  Sonríe el abuelo,
su pecho se ensancha,
y en su alma siente
calando tan hondo,
¡tan hondo, tan hondo!
las tiernas palabras
en boca infantil.
  La soledad es triste
mas él no está sólo,
aprieta la mano
de su dulc e nieta
sintiéndose alegre
de poder vivir.

sábado, 22 de enero de 2011

Escuchemos


  En este variado y rico mundo que nos ofrece la radio y la televisión, en el que estamos inmersos diariamente gran cantidad de españoles, se va observando la preferencia que se da, cada vez más, a las entrevistas y tertulias en los programas de ambos medios; preferencia que puede tener su explicación – aparte de ser bien acogidas por gran número de personas – en que se está llegando a descubrir esa sabia máxima de que “todos necesitamos de todos”, pues en sus muchos aspectos, las vivencias, ideas y el conocimientos de los demás, sin afán algunos de chismorreo o crítica, nos cultiva en gran medida.

  La entrevista es una labor harto difícil, más fácil de caer alguna que otra vez, en una comprensible búsqueda de originalidad, por la que todo buen entrevistador siente verdadera inquietud, llegando a ser poco correcto con preguntas que pueden dejar en muy bajo nivel personal a quien las hace, aún siendo un relevante profesional del medio, como alguna vez se ha podido constatar.

   Es un fenómeno cada día en aumento, que  en las entrevistas, no sólo se busca al “eminente” actor, escritor, político…- no dejando, claro está, los más solicitados por todos los entrevistadores – sino que se tiende a intentar hallar, cada vez con más frecuencia, a ese desconocido personaje, que desde su sencillo anonimato, suele dar sorpresas bastante notables y positivas a todos cuantos les escuchamos.

  Me comentaba alguien, a propósito de esta circunstancia, que pidiendo un consejo a un grande e inteligente filósofo amigo suyo se lo dio con estas palabras: “Tú escucha atentamente a todos, pues hasta el más humilde y sencillo hombre o mujer, te comunicará algo nuevo que te ayudará, ampliará tus conocimientos y abrirá tu mente hacia insospechados caminos, porque Dios nos ha dotado a cada cual de un inagotable don maravilloso, su sabiduría, y nosotros, si estamos atentos, descubriremos en todos,  esa pequeña partícula que contenemos cada uno de ella”.

  Si conseguimos interesarnos por cuanto oímos a los demás, haciendo acopio sólo de lo positivo que vemos en todos ellos, acogiéndolo con verdadero interés para nuestra propia enseñanza, los resultados serán reveladores a lo largo de nuestra existencia, pues irán revistiéndonos de sus experiencias, que junto con las que vivimos, nos harán sentirnos más preparados y seguros para enfrentarnos a esa realidad cotidiana, la cual podemos hacer más bella, con nuestra participación y captación cada día, en nuestro paso por la vida.


  Después de estas reflexiones permitidme unos segundos de “silencio poético”      


     
                                                            
         EL SILENCIO

 
  Bendita la paz que se siente
escuchando en la noche negra y sola
el sonido del silencio que la envuelve,
que el silencio también tiene sonido,
un sonido especial que cala hondo
haciendo resurgir el subconsciente
transportándolo suave, indolente,
a un lugar irreal, inalcanzable,
contemplando desde allí el universo,
sintiendo el corazón y el alma grandes.

  El silencio es un bien, es un tesoro,
en el ruidoso mundo que hoy existe,
caminamos ansiosos, presurosos,
incapaces de atraparlo fuertemente.

  Grata compañía es el silencio
buscado y conseguido en su momento,
es un algo que a todos nos eleva
a un lugar lejano, sin senderos,
consiguiendo alcanzar ese reposo
huyendo del tumulto de la gente
intentando llegar al mismo cielo.

miércoles, 19 de enero de 2011

Recordando una pequeña anécdota

   Hace algunos años pertenecí a la Masa Coral Tomás Luis de Victoria, de la Empresa Nacional Bazán de Cartagena, cantando en la tesitura de contralto. Nuestro director, gran persona, y con notable inquietud por la música y la literatura, decidió colocar un mural en nuestro salón de ensayos de la Coral, dándonos opción para mostrar en él nuestras colaboraciones literarias, a todos los que quisiéramos escribir y sintiéramos ilusión por ello, y ese fue el principio de mi afición a este menester, empezando por pequeños artículos en los que desarrollaba: ideas, aficiones, comentarios…Este mural de corcho, en el que con tachuelas pinchábamos nuestros escritos en folios, despertó gran interés en muchos de los que pertenecíamos a dicha Coral.

   El mural estaba colocado a cierta altura a la que los de baja estatura -ése era mi caso-, nos costaba acceder a leer dichas colaboraciones. En una ocasión, no consiguiendo poder leer yo algunas de ellas, sin pensarlo, me descalcé de un zapato y subida a una silla conseguí mi propósito. Más tarde, al bajar de la misma, me encontré con la sorpresa de que mi zapato había desaparecido, y pacientemente esperé a que el bromista, que había sido uno de mis compañeros, me lo devolviese para poder andar con el zapato repuesto.

   Varios días después de este simpático suceso pudimos leer en el mural un pequeño poema dedicado a la pérdida de mi zapato. Lo transcribo a continuación:

                                                       
Subió la chica a una silla
para leer el mural,
y quien la quiere muy mal,
y para reír un rato,
poniendo cara de pillo
le arrebató su zapato.

¡Para qué la chumarada
que la bromita causó!
y que a Conchita dejó
para un buen rato sentada,
ya que no podía andar
para acercarse, siquiera,
junto al piano a cantar.

¡Cenicienta, Cenicienta,
que en nuestro local del coro
has perdido un zapato!
que aunque no era de oro,
el mérito no le quito,
para ti era… un tesoro,

¡Cenicienta, Cenicienta!
seca tus ojos de mora,
más el príncipe encantado
vuela como ave canora
hacia aquí, y en breve rato,
lo verás llegar galante,
con sonrisa deslumbrante,
a devolverte el zapato.

 
                                                                                                                          
                  

martes, 18 de enero de 2011

"Apuntes universitarios"

Esa otra Universidad

  Vivimos, vamos gastando la vida, que diría un inglés literalmente. ¡La vida!, esa gran universidad que acoge a todos con esa matrícula, a la que tenemos acceso por el solo requisito de haber nacido, y con infinidad de asignaturas a estudiar en el inacabado libro de sus múltiples enseñanzas, que cada día nos va permitiendo aprender en su disertación cotidiana.

  Todos, con el derecho adquirido a asistir a sus aulas, en nuestros distintos puestos, colaboramos según nuestros métodos personales de estudio, a que éste se perfeccione, aceptando y corrigiendo, ese es nuestro deber, los innumerables errores que en nuestra asistencia diaria podamos cometer, si tenemos la suficiente inteligencia de subsanarlos ayudados por una deseable intención de llegar a fin de curso con notas excelentes, habiendo salvado los baches depresivos que a lo largo de éste nos hayamos encontrado, y superándolos con nuestra más o menos capacidad de estudio, adquirida en el transcurso del mismo.

  Cuántas lecciones aprendidas en esa “magna universidad”, con sus discriminaciones, que las hay, pero también con sus lecciones de amor, abnegación… descartemos las de odios, rencores, crímenes, envidias, ambición, egoísmo... sin echarles un vistazo siquiera, y sin temor de recibir por este hecho, un suspenso en tales asignaturas, al no sentir deseo alguno de estudiarlas y asimilarlas, ¡no vale la pena!, y pongamos todo nuestro interés por conseguir matrícula de honor en las que nos hablan de esa otras, savia vivificadora para todos, como son: las lecciones de amistad, comprensión, ilusión, esperanza, paciencia, humildad, espíritu de sacrificio, moral, solidaridad, caridad y tantas otras positivas que hacen a los que las estudian con verdadero ahínco (y que existen) las hagan suyas poniéndolas en práctica, con cuya actitud conseguirán una mayor calidad en esa vivencia universal en la que estamos todos insertos.
                                                                                             

                                                                                                                   


                           Carta a una joven universitaria


 Con asombro tu ingenua mirada
va descubriendo perpleja
inquieta, viviendo día a día
los momentos felices que anhelas.
 
  En ambiente joven tú te envuelves,
buscando en la ciencia te deslizas
y un afán de encontrar esa tu meta
te impulsa in tentando conseguirla. 

  Aún constante, te sientes insegura,
un mundo incierto se te ofrece con halagos,
tu juventud los recibe sonriente
acogiendo alegrías y fracasos.

  Es la vida que te reta a que la sigas
muy difícil es luchar contra corriente,
reflexiona y prosigue tu camino
observando lo que proyecte tu mente

  No abandones si algo ves que no consigues,
insiste, pues en todo ser humano
la constancia es un don, que si lo usas,
obtendrás el justo premio a tu trabajo.


domingo, 16 de enero de 2011

Sobre la soledad

  “Las ideas y sentimientos a través de las palabras, convierten a éstas en eslabones o broches que unen fuertemente a cuantos las expresan con armonía y en común por ese medio”; frase ésta de gran base para meditar en el gran poder de la palabra como cauce de entendimiento y comprensión entre todos los seres humanos, haciendo comprender lo sumamente necesario que es practicar el diálogo, el cual nos conduce al contacto con los demás, pudiendo colaborar con nuestra aportación al mismo y obteniendo a la vez la de los otros, a fijarnos una meta a la cual no debemos renunciar, poniendo toda nuestra capacidad para ello, y es la de conseguir un mundo más unido, por lo tanto más feliz.

  De todos es bien sabido y es preciso no olvidar, lo importante que es la palabra para desterrar, muy lejos, la soledad, amarga sensación de no poder conectar con los demás, haciéndonos sentir estar indefensos ante el mundo en el que vivimos. La angustia de sentirnos solos sin compartir nuestras tristezas, nuestras alegrías, nuestros pensamientos, nuestras inquietudes, ya no sólo en la familia, sino de verdadera amistad, e interesarnos por las de los demás, es algo triste y desolador.

  Se oye hablar a menudo del panorama aterrador que presenta la soledad tan grande que se va apoderando de las personas hoy, y es algo que sería preciso atacar, siendo de gran eficacia encauzar el sentido de unión de todos hacía “Alguien” que nos puede unir más, ya que ese sentimiento está en todo su mensaje evangélico, es Dios, pudiendo sentir en nosotros el revertir de esta elevación, consiguiendo grandes frutos de esta gran acción llevada a cabo a través de todos aunados con la sola idea de prestar y encontrar apoyo moral en nuestros semejantes.

  Es altamente confortador no sentirnos solos y colaborar a que nadie sufra ese terrible suplicio que es: la soledad, potenciada al máximo por la gran falta de comunicación personal que existe hoy entre muchos seres humanos en grandes sectores, totalmente destructora para todos.

           Después de esta reflexión que he escrito sobre la soledad, la quiero acompañar de este poema que me ha inspirado este triste sentimiento que produce sentirla.

                                                                                           

             SOLEDAD

  ¡Oh terrible soledad!
que el ser humano en sí lleva
acompañando la vida
en su paso por la tierra.

  Soledad es sensación
que tortura el corazón
en un vago sentimiento
de tristeza y de dolor.

  Soledad sombra tenaz 
que nuestro mundo padece,
la descubre por las calles,
la intuyes en la gente.

  Soledad, vas invadiendo
las ciudades populosas
donde habitan quienes solos
sus angustias les ahogan.

  Soledad triste palabra
que se vive con pavor,
es algo que mata en vida
causándonos gran dolor.

  Soledad, muchos te viven
sin esperanza, angustiados,
con ilusiones perdidas
precipitando el ocaso.

  Soledad, nadie te quiere,
nadie desea tu presencia,
eres cual oscura imagen,
tenebrosa, densa, tensa.

  Eres amarga, cruel,
apareces emergiendo
cuando la angustia atenaza
y nadie acude a tu encuentro.

  Soledad triste amenaza
que quien la siente padece
amargura que margina
dejando la mente ausente.
      

 
 


domingo, 2 de enero de 2011

Presentación

Querido desconocido lector:

Me encanta la poesía y he hecho "algunos pinitos" sobre ella. Me he decidido a mostraros algunos de mis escritos, que incluyen poesías, artículos y otras reflexiones. Con mis deseos de que sean de tu agrado, estaré encantada de recibir cualquier tipo de sugerencias y comentarios. Como primera muestra, a continuación encontrarás uno de mis poemas. Un saludo desde mi cuarto de estar. Conchita.


SOBRE EL ARTE DE ESCRIBIR


Las palabras van saliendo
y en la blanca cuartilla plasmadas
comunicamos historias,vivencias,
sensaciones muy hondas del alma;
poesía y prosa nos llaman
abriendo en el cuenco de la mente
grandes canales de ideas
y nos invita a enviarlas
haciendo al inquieto lector
que las descubra con ansia.
La inspiración huidiza se escapa
tras ella insistentes corremos
sin desmayo,con paciente constancia,
y atrapándola nos sentimos dichosos
de haber conseguido alcanzarla.
La poesía, es un nectar preciado
que sintiéndola, al espíritu ensancha,
y el poder traducirla en palabras
su lectura al corazón traspasa,
descubriendo en ella una vida
de infinita dulzura, que calma,
elevándote etérea, ¡tan alta!
que te sientes de fantasía colmada,
conquistando la dicha que anhela
todo tu ser enervado
saturando de gozo tu alma.



Pd: Para escucharme recitando este poema pincha aquí.