En el Barrio del Carmen, de Murcia, existe un jardín llamado Jardín de Floridablanca, muy conocido por todos los murcianos, es un gran jardín con grandes árboles, yo diría casi milenarios, de grandes raíces sobresalientes de la tierra, que recuerdan los bosques de los cuentos infantiles, en los que las hadas y los gnomos eran protagonistas de miles de aventuras, sucedidas en ellos, es un jardín al que veo cada día, por encontrarse cerca de casa y un día se me ocurrió dedicarle este poema:
Jardín de Floridablanca
En nuestro barrio del Carmen
existe un pequeño edén,
sus flores de mil colores
hacen que al contemplarlas,
con su belleza y perfume,
nos acaricien y asombren.
Jardín de Floridablanca,
por tus angostos paseos,
cual traviesos pajarillos,
recorren los pequeñuelos
bajo la atenta mirada
de quienes cuidan de ellos,
deslizándose ansiosos
en pequeños toboganes,
sorteando los peligros,
cual colosos guerrilleros,
se vislumbra la gran dicha
que da impulso a sus juegos.
Alborozo en sus semblantes
en este jardín de ensueño,
con vetustos e inmensos árboles,
que en sus raíces gigantes,
recuerdan aquellos cuentos
de hadas y gnomos del bosque,
con sus rojas caperuzas,
saltarines y pimpantes.
Los leones, en su fuente,
expulsan por sus grandes fauces
breves cascadas de agua
que, con sonido sonoro,
humedecen el ambiente.
El jardín carmelitano
generosamente ofrece
sus bancos anchos y holgados
para el ansiado descanso
de quien pasea admirando
la belleza de sus flores,
de sus rosas y alhelíes
que profusamente adornan
el paisaje incomparable,
y se ofrece esplendoroso
a quienes por allí pasan,
descubriendo y admirando
la naturaleza plena
que en un alarde de fuerza,
protegiendo nuestra vida,
nos regala alegremente
poniendo en el corazón
un impulso de alegría.