Tenebroso y torvo mundo
nos describe Llamazares
con su personaje insólito
que sólo piensa en la muerte
sin otro afán que estar solo.
La tristeza invade al pueblo
cuando todos lo abandonan,
Ainielle se queda solo,
con el único habitante
que en sus delirios se obliga,
en su desmedido amor
a ese pueblo en que nació,
cuidarlo hasta la muerte.
Soportando los embates
que el mal tiempo a él le tiende,
con gallardía los arrostra,
sin jamás él doblegarse
ante destino tan sórdido
pues tan fuerte él se siente…
La soledad, gran veneno,
que la mente atemoriza
y la sume en grave riesgo
de llegar a la locura,
hacen del singular personaje
que la vida, que es tan bella,
la contemple amargamente
con sentimientos salvajes.
Sólo su perra traspasa
su corazón, algo tierno,
consiguiendo mitigar
la tristeza de su vida
al sentir por este ser
un suave y tierno afecto.
La riqueza del paisaje
que Llamazares describe,
plena de rica poesía,
nos transmite la belleza
de ese pueblo, Anielle,
donde relata la historia
de esta amarga y triste vida.
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