lunes, 23 de mayo de 2011

Al dolorido corazón de Lorca

  La tarde avanzaba pausada,
el sol, en sus rayos brillantes,
lanzaba calurosos reflejos
que la tierra acogía cansada.
  De repente se estremece el suelo
con temblores, cada vez más fuertes,
el horror aparece de pronto
y los ojos se tiñen de miedo,
el estruendo en la calle se siente
con ladrillos en trozos cayendo,
el pánico se aloja en los rostros,
una nube de polvo se extiende,
las dilatadas pupilas, cegadas,
de quienes antes paseaban tranquilos,
ahora contemplan, temblando,
el derrumbe de casas y templos.
  Un desastre se adueña de Lorca
ciudad de raigambres ancestros,
de arraigadas costumbres locales
y habitantes con celoso amor
a su tierra de hermosos recuerdos
  El terror se apodera de todos
y las gentes, presurosas, no saben 
a donde acudir a salvarse
de este gran peligro incierto.
  Los gritos pidiendo socorro
salen de escombros caídos,
sepultados muy hondo los cuerpos.
  La tierra se mueve, cual barco
mecido en tempestad sin rumbo,
tenebroso y terrible momento
que se alarga y no tiene fin.
  La tragedia humana se cierne
sobre gentes que sufren mirando
hacia el cielo: orando, pidiendo
fortaleza y gran esperanza
al Dios Padre con fe y constancia.
  Son momentos de angustia, pasados,
invadiendo muy hondo las mentes,
sumergidos muy dentro, profundos,
allí esperan que el tiempo los borre
y mitigue el inmenso dolor
que ha dejado secuelas de muerte.

domingo, 22 de mayo de 2011

Álbum familiar

  En una tarde invernal
de domingo solitario,
con frío intenso, contemplo,
recuerdos tiernos pasados
en imágenes queridas
y vivencias entrañables,
muy difícil de olvidar.

  El corazón se enternece
por la mente pasan ¡tantas!...

  La mirada la detengo
a través de la ventana
un cielo oscuro descubro,
se muestra hosco cerrado,
la tristeza inunda el alma.

  Y la nieve  en las montañas    
ilumina el horizonte
con su blanca, gran escarcha,
que incita a buscar calor.

  Adentrándome en la casa,
mi querido hogar, caliente,
se ofrece con paz y calma.

  Viviendo hacemos camino,
los días van transcurriendo,
el tiempo jamás se para,
reservándome, quién sabe,
otras horas también gratas. 

  Son otros felices tiempos
para vivirlos con sueños
de fantasías con alas
elevándome hacia el cielo,
viviendo nuevas hazañas
que en un tiempo venidero
recordaré con nostalgia.

domingo, 15 de mayo de 2011

Sobre "La sonrisa etrusca"

  Quisiera comentar algo sobre el fragmento del libro “La sonrisa etrusca” de Jose Luis Sampedro, en el que el protagonista principal, Roncone Salvatore, descubre al joven Ferlini Valerio podando los árboles, haciéndole sentirse realmente enfurecido ante lo mal que el joven realiza la poda de éstos. A la actitud agresiva con que Rencone le increpa, de lo mal que trata a los árboles en su poda, es increíble la respuesta humilde, sencilla, que Ferlini le da, reconociendo su desconocimiento de este menester al que se está dedicando en este tiempo, por no tener otro empleo.

  Esta respuesta del joven tan pacífica, ante la violencia que Rencone se enfrenta con él, me ha hecho recordar algo que leí hace tiempo, sólo que en esta historia la respuesta pacífica procede del anciano.

  En un país extranjero -oriental, creo recordar-, un  anciano fue atropellado por un joven alocado que montaba en bicicleta, el joven asustado y desconociendo el idioma de aquel país, oía que el anciano le decía unas palabras, que creyó, naturalmente, tenían que ser de enfado, aún no sabiéndolas descifrar, quedando grandemente sorprendido cuando alguien se las tradujo: está diciéndote que se siente apenado por lo mucho que moralmente te estarás recriminando al haberle atropellado y te da ánimo.

  El joven, anonadado con esta reacción, tan diferente a la que suele suceder en tales casos, se sintió profundamente conmovido ante tanta bondad, repercutiendo en él más estas palabras amables a cualquier otras violentas o amenazadoras, que eran las que él esperaba, haciéndole volcarse en atenciones con el anciano, sintiéndose más profundamente arrepentido de su inconsciente acto con resultado tan lamentable.

  Actitudes como las del joven Ferlini o la del anciano de mi historia , nos hacen pensar que la amabilidad, la bondad y comprensión, pueden conseguir metas positivas hacia una convivencia más grata y agradable, que cualquier reacción violenta, sin ningún resultado feliz posible.
     
                                                    MORALEJA
  
  Las actitudes pacíficas de estos dos protagonistas pueden hacernos reflexionar para posibles situaciones difíciles, en las que nos pudiéramos ver envueltos.   

sábado, 7 de mayo de 2011

Esperando

  El trinar de un saltarín jilguero,
en un viejo olmo aposentado,
alegraba con sus notas la mañana,
escuchándole en silencio, extasiado,
me detuve admirando el firmamento
vestido de un azul claro y sereno.
  Con el sol de mayo iluminando el mundo
brillaba la radiante primavera
y las hojas verdes deslumbraban
bañadas por la lluvias, que cercanas,
habían dejado impresa en todas ellas
hondas huellas húmedas y claras.
  Recorriendo los angostos senderos
entre los altos trigales, bien sembrados,
salpicados de encendidas amapolas,
una alfombra de colores impensados…
  En ese paisaje de fantástico sueño
sin desesperar, yo me siento ilusionado
con el corazón repleto de añoranza,
de ansias no conseguidas, permanezco
sin tener perdida la esperanza
de contemplar el rostro tierno y bello
de quien como huracán llegó, ¡Oh cielo!
hasta mi vida un día ya lejano.
  Sigo como el viejo olmo esperando,
recordándola en silencio,
encerrado como almendra esclava
presintiendo emocionado su regreso.
  Llegará ese día imprevisible,
sentiré junto a mí sus brazos cálidos
cual trino de aquel pequeño jilguero
que hasta mi oído llegó una mañana
impregnando de gozo mi ser pleno.

lunes, 2 de mayo de 2011

Recuerdos

  Las rosas descansan lánguidas
en un jarrón decorado
de aves estilizadas
y color inusitado.
  Un jardín tras la ventana
se divisa iluminado
por el sol resplandeciente
de una tarde de verano
inundada de silencio.
  Desde el salón se vislumbran
mariposas salpicando
con los múltiples colores
de sus alas transparentes
el paisaje cual pintura
en un lienzo trasplantado.
  Descansando en un sillón
muy cómodo arrellanado,
alguien tranquilo, cansado,
por los años ya vividos
rememora en silencio el pasado,
y los recuerdos se agolpan
uno tras otro, pausados,
llenando su mente ociosa
de vivencias muy sentidas,
que con el paso del tiempo
han quedado detenidas
llenas de un valor inmenso,
recordadas con sonrisa.
  La vida es un oasis,
al volver de los años
se siente enorme placer,
entristeciéndote un tanto
para seguir emprendiendo
un sendero que te espera,
y después seguir soñando.