lunes, 23 de mayo de 2011

Al dolorido corazón de Lorca

  La tarde avanzaba pausada,
el sol, en sus rayos brillantes,
lanzaba calurosos reflejos
que la tierra acogía cansada.
  De repente se estremece el suelo
con temblores, cada vez más fuertes,
el horror aparece de pronto
y los ojos se tiñen de miedo,
el estruendo en la calle se siente
con ladrillos en trozos cayendo,
el pánico se aloja en los rostros,
una nube de polvo se extiende,
las dilatadas pupilas, cegadas,
de quienes antes paseaban tranquilos,
ahora contemplan, temblando,
el derrumbe de casas y templos.
  Un desastre se adueña de Lorca
ciudad de raigambres ancestros,
de arraigadas costumbres locales
y habitantes con celoso amor
a su tierra de hermosos recuerdos
  El terror se apodera de todos
y las gentes, presurosas, no saben 
a donde acudir a salvarse
de este gran peligro incierto.
  Los gritos pidiendo socorro
salen de escombros caídos,
sepultados muy hondo los cuerpos.
  La tierra se mueve, cual barco
mecido en tempestad sin rumbo,
tenebroso y terrible momento
que se alarga y no tiene fin.
  La tragedia humana se cierne
sobre gentes que sufren mirando
hacia el cielo: orando, pidiendo
fortaleza y gran esperanza
al Dios Padre con fe y constancia.
  Son momentos de angustia, pasados,
invadiendo muy hondo las mentes,
sumergidos muy dentro, profundos,
allí esperan que el tiempo los borre
y mitigue el inmenso dolor
que ha dejado secuelas de muerte.

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