Tarde de verano cálida,
corretear en el parque
de los niños, que en sus juegos,
ponen risas en el aire.
El sol, perezoso ya,
los ve corretear ansiosos
oyendo, cual trino de aves,
sus gritos, risas y lloros.
Sentada también yo gozo
de este atardecer suave,
de ese cielo, de esas nubes,
mientras veo caer la tarde.
Y viene la noche negra
a besar las breves frentes
con un halo de ternura
sintiendo gran pena al verles.
Pues con su llegada teme
romper sus felices juegos
y hacer que cese la vida
que en el parque ponen ellos.
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