Tu impavidez me impresiona,
tu silencio me conmueve,
descansando tú en la arena
como una estatua yacente.
Exquisita tu figura,
de los bosques ninfa fueres
si por su verde espesura
de repente aparecieses.
Tu figura yerta, inmóvil,
con gesto casi en desmayo,
tus piernas entrecruzadas,
el mentón retando al viento,
la melena desgajada,
me han hecho pensar al verlas,
si las juveniles manos,
con sentimientos creadores,
que han formado ese tu cuerpo,
pudieran poner en ti
un algo de vida dentro,
no parecerías imagen
fría, indolente, en un sueño.
Tu faz con serenidad
y la mirada perdida
en el gran celeste cielo,
jamás volvería hacía el suelo
impregnado de esa arena
de la que forma tu cuerpo.
Descansando seguirías
en ese reposo eterno
sin despertarte jamás
de tan infinito sueño
en el que estás sumergida
sin conseguir desprenderlo.
Mas las inocentes manos
infantiles y rebeldes,
guiadas por pensamientos
destructivos y crueles,
incapaces de intuir
el gran valor que tu tienes,
rompieron en mil pedazos
esa tu belleza en ciernes.
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