El albo paño en sus manos
y con actitud abnegada
enjuga el rostro lleno
de sangre sudor y lágrimas.
Mujer piadosa, en tu cara,
Salzillo logró esculpir
la tristeza reflejada
al contemplarle sufrir
con los brazos agarrados
a la cruz que le ha dejado
en el suelo, de rodillas,
sin fuerzas para seguir
hacia el Gólgota, ese monte
que le espera silencioso,
en el que lleno de llagas
cubriendo todo su cuerpo,
Él va dispuesto a morir.
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