viernes, 22 de abril de 2011

Viernes Santo

  Estamos en la Semana de Pasión de nuestro Señor Jesucristo y la imagen de Jesús crucificado está latente en todos nosotros al contemplarle en los desfiles procesionales. Al pensar en su inmenso dolor clavado en la cruz, escribí estos poemas, hace algún tiempo.  En este Viernes Santo del 2011 quiero que queden aquí grabados para siempre como una oración a su tremendo sacrificio dando su vida por nosotros.

                   
                             Ante Jesús Crucificado

  Señor, te miro acongojada,
y ante tu inmenso dolor,
hay un algo que en mí pide
tu perdón, ¡Oh dulce Dios!.
  Hay tristeza en tus pupilas
y en mi alma un gran pavor,
ante tan grandes horrores
que sufrió tu corazón.
  Veo tus pies encallecidos,
por su mucho caminar,
clavados a ese madero
que nos redimió del mal,
y la corona de espinas
introducida en tu sien,
bañada en la sangre tibia
derramada por mi bien.
  Veo los clavos desgarrando
esas manos, sin piedad,
y la herida que en tu pecho
la lanza hizo mortal,
y esos labios temblorosos
implorando ¡Oh Señor!
el perdón al Padre Eterno
para nuestra salvación.


     Eso es Amor

 Tu dolor es mi dolor
cuando en la cruz yo te veo
con los pies atravesados
por esos clavos de acero,
y tus laceradas manos
sujetadas al madero
por alguien que no intuía
que el mensaje que en tu vida
fuiste dando aquí, en la tierra,
quitando las ataduras
de odio, rencor y guerras,
era un mensaje de amor
que nos libera del mal
y nos llena el corazón
de gracia, ternura y paz.
  Tu dolor es mi dolor
cuando tu frente yo veo
coronada por espinas,
clavadas sin compasión,
por los que no comprendían
que Tú proclamabas vida
que Tú eras todo amor
  Tu dolor es mi dolor
                                      cuando en tu costado veo
la herida que hizo la lanza
del soldado rudo y fiero
cebándose en tu dolor,
quedando sobresaltado
al oír como pedías
al Padre Eterno perdón
para los que te agredían.
  ¡Oh Señor! ¡Eso es amor!

No hay comentarios:

Publicar un comentario