Esa otra Universidad
Vivimos, vamos gastando la vida, que diría un inglés literalmente. ¡La vida!, esa gran universidad que acoge a todos con esa matrícula, a la que tenemos acceso por el solo requisito de haber nacido, y con infinidad de asignaturas a estudiar en el inacabado libro de sus múltiples enseñanzas, que cada día nos va permitiendo aprender en su disertación cotidiana.
Todos, con el derecho adquirido a asistir a sus aulas, en nuestros distintos puestos, colaboramos según nuestros métodos personales de estudio, a que éste se perfeccione, aceptando y corrigiendo, ese es nuestro deber, los innumerables errores que en nuestra asistencia diaria podamos cometer, si tenemos la suficiente inteligencia de subsanarlos ayudados por una deseable intención de llegar a fin de curso con notas excelentes, habiendo salvado los baches depresivos que a lo largo de éste nos hayamos encontrado, y superándolos con nuestra más o menos capacidad de estudio, adquirida en el transcurso del mismo.
Cuántas lecciones aprendidas en esa “magna universidad”, con sus discriminaciones, que las hay, pero también con sus lecciones de amor, abnegación… descartemos las de odios, rencores, crímenes, envidias, ambición, egoísmo... sin echarles un vistazo siquiera, y sin temor de recibir por este hecho, un suspenso en tales asignaturas, al no sentir deseo alguno de estudiarlas y asimilarlas, ¡no vale la pena!, y pongamos todo nuestro interés por conseguir matrícula de honor en las que nos hablan de esa otras, savia vivificadora para todos, como son: las lecciones de amistad, comprensión, ilusión, esperanza, paciencia, humildad, espíritu de sacrificio, moral, solidaridad, caridad y tantas otras positivas que hacen a los que las estudian con verdadero ahínco (y que existen) las hagan suyas poniéndolas en práctica, con cuya actitud conseguirán una mayor calidad en esa vivencia universal en la que estamos todos insertos.
Carta a una joven universitaria
Con asombro tu ingenua mirada
va descubriendo perpleja
inquieta, viviendo día a día
los momentos felices que anhelas.
En ambiente joven tú te envuelves,
buscando en la ciencia te deslizas
y un afán de encontrar esa tu meta
te impulsa in tentando conseguirla.
Aún constante, te sientes insegura,
un mundo incierto se te ofrece con halagos,
tu juventud los recibe sonriente
acogiendo alegrías y fracasos.
Es la vida que te reta a que la sigas
muy difícil es luchar contra corriente,
reflexiona y prosigue tu camino
observando lo que proyecte tu mente
No abandones si algo ves que no consigues,
insiste, pues en todo ser humano
la constancia es un don, que si lo usas,
obtendrás el justo premio a tu trabajo.
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