domingo, 6 de marzo de 2011

Canto rural

  La tarde le sorprendió risueña,
en el aire el bienestar se sentía,
alborozadas palomas el ambiente alegraban,
iluminando su alas el sol, que se extinguía,
pequeñas nubes blancas prendidas en el cielo,
de suave azul turquesa engalanado,
cubriendo gozoso, cual manto transparente,
el prado sembrado de rojas amapolas
que lucían, coquetas, su brillante color.

  El agosteño día fue largo y caluroso,
al viejo campesino, cansado y sudoroso,
le hacía andar despacio por el largo camino
y la tarde avanzaba y a lo largo del río,
una pequeña brisa, levantándose, movía
las ramas de los árboles que a su orilla crecían.

  Con el pañuelo en la mano enjugándose la frente,
proseguía caminando, secándose el sudor,
y respirando fuerte, sintiendo a sus espaldas
el airecillo tenue en la fenecida tarde,
se volvió mirando al sol enrojecido
que en su diario ocaso, con despedida alegre
y mil cómplices guiños de sus templados rayos,
desde el horizonte, lejos, le decía adiós.

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