sábado, 7 de mayo de 2011

Esperando

  El trinar de un saltarín jilguero,
en un viejo olmo aposentado,
alegraba con sus notas la mañana,
escuchándole en silencio, extasiado,
me detuve admirando el firmamento
vestido de un azul claro y sereno.
  Con el sol de mayo iluminando el mundo
brillaba la radiante primavera
y las hojas verdes deslumbraban
bañadas por la lluvias, que cercanas,
habían dejado impresa en todas ellas
hondas huellas húmedas y claras.
  Recorriendo los angostos senderos
entre los altos trigales, bien sembrados,
salpicados de encendidas amapolas,
una alfombra de colores impensados…
  En ese paisaje de fantástico sueño
sin desesperar, yo me siento ilusionado
con el corazón repleto de añoranza,
de ansias no conseguidas, permanezco
sin tener perdida la esperanza
de contemplar el rostro tierno y bello
de quien como huracán llegó, ¡Oh cielo!
hasta mi vida un día ya lejano.
  Sigo como el viejo olmo esperando,
recordándola en silencio,
encerrado como almendra esclava
presintiendo emocionado su regreso.
  Llegará ese día imprevisible,
sentiré junto a mí sus brazos cálidos
cual trino de aquel pequeño jilguero
que hasta mi oído llegó una mañana
impregnando de gozo mi ser pleno.

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