El dueño de una empresa
relata un hecho aislado
de los muchos que hoy existen,
yendo día a día aumentando.
Su empresa hundida la cierra,
y en su despacho sentado
va recibiendo, uno a uno,
a todos sus empleados.
Ante su mesa sentado
van desfilando en silencio
quienes allí han trabajado
con constancia, sin desmayo,
por un sueldo necesario,
recibiendo la noticia,
dejándolos aterrados
ante el porvenir incierto
de un despido del trabajo;
le escuchan todos confusos,
y el jefe , desconsolado,
les mira, y hay en sus ojos,
conmovidos, apurados,
un destello de tristeza
al decir un empleado:
¡y ahora qué!,
¿ahora que hago?...
Es el paro la gangrena
de este mundo desquiciado
destrozando, amedrentando,
ante el incierto futuro
que vemos, viene avanzando
sin su fuerza detener
anegando al pueblo llano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario