El árbol se alzaba frondoso
las hojas en sus largas ramas
verdes y brillantes se extendían,
todos cuantos por allí pasaban
descubriéndolo, su camino detenían.
¡Qué belleza mostraba, qué hidalguía!
¡qué fuerza su añoso tronco irradiaba!
hiriendo la roja tierra, sus raíces,
introducida en ella se escondían
recordando viejos cuentos, que en los bosques,
rodeándolo, saltarines y gozosos,
las hadas y los elfos se esparcían.
Los rayos del sol se humedecían
con el temprano rocío de la mañana,
un suave viento mecía las grandes ramas
y las hojas, también estremecidas,
mirándose en el cristal de un riachuelo,
sintiéndose tan bellas y admiradas,
danzaban dando gracias a la vida.
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