sábado, 19 de febrero de 2011

Oda a la aguja de ganchillo

  Tu nacimiento ancestral,
tu figura estilizada
de metal brillante y duro,
con la punta retorcida,
eres ayuda eficaz
a las femeninas manos
de la abuela, de la madre,
que te guardan con cariño
en el rincón más profundo,
como joya sin igual.
  Acoges el hilo y lo sueltas,
en él te envuelves feliz
para tejer la labor,
hábiles manos conducen
y ágiles dedos consiguen,
con movimientos febriles,
que el encaje primoroso
vaya creciendo con ritmo,
contemplándolo gozosas
al resurgir de la nada
admirándolo con mimo.
  Eres labor de ganchillo
protagonista de hogar,
que en noches interminables,
alrededor de la radio,
del grupo de alegres damas
iban saliendo adornadas
servilletas y manteles,                                                  
grandes cubiertas de cama,
con encaje engalanadas,
de belleza artesanal.
  Contigo miles de horas
he pasado en compañía
confeccionando día a día
para quienes recibían,
los primores que nacían
con tu colaboración.
                       


                 

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