martes, 1 de febrero de 2011

A la tercera edad


Uno de los anhelos más ansiados por todos: disfrutar de buena salud, debe ir acompañado por el deseo absoluto de no perder jamás esa capacidad de sorpresa ante las vivencias diarias, que nace naturalmente en nosotros cuando empezamos a tener uso de razón y que en muchos suele ir perdiéndose a medida que los años pasan, haciendo que los numerosísimos sucesos vividos a lo largo de todos ellos, lleguen a mermar, en gran medida esa sensación de expectación que es necesario mantener cada día.

  Es sumamente importante hallar siempre algún motivo: cultural, espiritual, humano… con que tener prendida la llama del interés en nosotros, aún cuando la carga de los muchos años vividos corra el peligro de ser una amenaza pesando grandemente sobre una vida plena de añoranzas y recuerdos; mas sin desechar éstos, debe haber, y hay que intentarlo por todos los medios, un constante deseo de iniciar nuevas vivencias, descartando ese creer que la vida ya no te puede decir nada nuevo; <ese placer de no asistir> nunca debe tomar cuerpo en la mente de quienes piensan que sólo los jóvenes deben asistir a todo.

  Ejercitemos la mente llenándola de mil cosas, sin llegar hasta el extremo, claro, de aquella señora, delgada y bajita, que al salir de un ascensor que no funcionaba estando ella dentro, y empezar éste a subir inmediatamente, después de salir ella de él, le hizo exclamar: “Claro, ¡es que pesan tanto la cantidad de cosas que llevo en la mente!”. Pero sí, es necesario hacer trabajar al máximo rendimiento “esa loca de la casa“ (que alguien dijo), motor principal, que haciéndole funcionar a buen ritmo en diversas actividades, puede capacitar a cualquier persona para lograr sentirse en todo momento más feliz.


   Después de estos pequeños consejos para conseguir llegar a la tercera edad con mayor calidad de vida, paso a loar ese gran tesoro que es “La experiencia":


          ESE OTRO “DIVINO TESORO”

                   (LA EXPERIENCIA)


  La madurez de los años
pone el destello en tu cara
de todo el tiempo pasado ,
llenando al borde tu alma
de mil sensaciones vivas
que acuden a ti al alba,
y en aquella soledad
que sientes en la montaña
cuando en su cima te encuentras
recorriendo el universo
de los días sucedidos
uno tras otro, con ansia.
  En el paso de ese tiempo,
que a veces parece lento
y otras cual rayo fugaz,
han transcurrido los días,
que cual brillantes preciosos,
en tu álbum de recuerdos,
tú sueles coleccionar,
despertando al soñador,
que viviendo cada día,
lleva prendido en su pecho
alguna ilusión perdida
y más grande el corazón .
  Mas no todo son recuerdos,
pues el presente te reta
a que le tomes cariño
descubriendo las estrellas,
que en la noche de tu alma,
te acompañan por la tierra,
viendo en tu vida presente
pletórica de esperanzas,
el placer que dan las cosas
con serenidad, con calma,
contemplando así la vida
aún con toque de añoranzas.
  Con el gran conocimiento
que has adquirido en sus aulas
en tu constante asistencia
a esa su clase diaria,
superando los “exámenes”,
sufriéndolos con agallas,
estás preparado. ¡En marcha!
ve a esparcir tu experiencia,
siendo para muchos válida
por su rico contenido
en ciencia de la más práctica
al ser por otro vivida.
  Intenta seguir subiendo
escalando por la vida,
para llegar, sin tropiezos,
a la mutua comprensión
de todos los que vivimos,
uniéndonos con gran lazo
que nos ate, sin remilgos,
poniendo en ello tu alma
de incansable y fiel amigo
para los que a ti te escuchen
en ese eficaz consejo
que te dicte el corazón.
                     

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